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Cuba, una Nación en oferta.


Por: Pedro Fraga


Hay quienes, desde hace décadas, hemos denunciado la falacia de la revolución cubana, lo hemos hecho, no porque poseamos un especial don que nos permita predecir el futuro, sino porque especificas y accidentales condiciones circunstanciales y culturales, nos permitieron desarrollar métodos de análisis no seducibles por la fanfarria política, y además, por una inflexible fidelidad a la razón, que nos hace sentir que los dictados de la razón, están más cerca de la realidad que las preferencias emocionales.
Hay una premisa incuestionable con categoría de axioma, que debe regir toda militancia social:
El problema único que enfrenta la humanidad, es humano, todas los otros, incluyendo el político, son simplemente derivados de este.
Entrar en el abordaje de de la problemática humana desde cualquier otra categoría que no sea propia, inherente y exclusiva de la condición humana, es alejarnos de la esencia del problema. Las elites que se nutren parasitariamente del resto de la humanidad, crean y fomentan categorías que nos incentivan a zambullirnos en ellas sin resultado ninguno, porque estas no contienen ni siquiera deshechos de la problemática real.
Las teorías creadas para deambular dentro de estas categorías ficticias, son cebos para deslumbrar a la razón, haciendo que esta se dedique de manera absoluta e inocua a resolver contradicciones tan ficticias como la categoría que las alberga. Mientras la inteligencia se agota en insustanciales disquisiciones, las elites cometen sus desmanes con absoluta impunidad en otro nivel de realidad en la cual, las teorías políticas existentes, no son operativas.
Siempre que hay crisis, la traición compra balcones.
El mundo está en crisis, no confundamos las crisis con las dificultades, las dificultades demandan respuestas, soluciones. Las crisis, exigen transformaciones. Las dificultades las generan las inadecuaciones de los sistemas. Las crisis, son el producto de los agotamientos de los sistemas, producidos por acumulación de las contradicciones irresueltas. Las crisis, se pueden superar a veces, pero son irreversibles, en los casos más benignos, dejan cicatrices gangrenosas, que afectan la esencia del sistema, este seguirá funcionando, pero herido y desnaturalizado.
La crisis mundial, está en pleno desarrollo, Cuba está inmersa dentro de esa crisis, con condiciones peculiares. ¡Se encuentra en estado agónico!
En resumen, la situación se puede definir sucintamente así:
El gobierno cubano, no está haciendo un giro estructural hacia el capitalismo, el gobierno cubano esta mercadeando la venta del país al imperio incluyendo a los habitantes en la negociación. Tan vil y total es la traición, que hará parecer como patriotas a los lacayos que otrora promocionaron la entrega del país al imperio.
Salvo excepciones, la oposición cubana es pro imperialista, o no imperialista, pero no es anti imperialista.
Como anécdota ilustrativa es de señalarse que en algún momento a principios de la década del sesenta, el Dr. Carlos Prío Socarrás, ex presidente de la republica de Cuba, fue detenido, esposado en su propia casa, y conducido a una oficina del F.B.I. por sus actividades en contra del gobierno cubano. Cuando el Dr. Prío le señaló a su interrogador que el verdadero enemigo estaba en Cuba en posesión del poder, el interrogador le respondió que el problema real era que él (el Dr. Prío) era antiimperialista. A lo cual el ex presidente le respondió;
-Sí, yo soy antiimperialista, si es por eso por lo que me han detenido, no tengo nada que objetar.
La principal excepción en la militancia anti imperialista, la representa una oposición proveniente y convergente con el gobierno cubano que trata de sostener su postura de desprendimiento, con una posición ideológica.
Este grupo, aun cuando posee la exclusiva característica de tener base ideológica, elemento que no está presente en ningún otro grupo de la oposición, confronta enormes dificultades. No han dejado de ser marxistas, no pueden dejar de serlo.
No tienen base militante ni manera de procurársela. A estas alturas del juego, los militantes del partido que están motivados todavía por los fantasiosos discursos del Dr. Fidel Castro Ruz, o no tienen la inteligencia requerida para desenvolverse como cuadros, o están corruptos y a la espera de un bono material al final de una contienda de cincuenta años, cuando se le entregue la bandera al Imperio, en un acto donde no habrá ni vencedores ni vencidos, salvo el pueblo cubano que será explotado a mansalva durante décadas, alimentando su resignación con los recuerdos de los abuelos, que les recordaran que hubo un tiempo pasado que fue peor.
El sistema político cubano es tan cerrado, que no les permite a este grupo, recurrir a la base para hacer proselitismo. Cuando la oligarquía gobernante se sienta más segura, tal vez le ofrezcan la función de partido de oposición. En ese momento, la disposición militante de los proponentes de una solución autogestiva será puesta a prueba.
No existe en el mundo institución, organismo o estructura política alguna, interesada en involucrarse con una solución que va a llevar el poder al pueblo. Todas las estructuras existentes poseen un antagonismo innato contra esa intención. Sencillamente los señores del poder llegaron primero.
Para abarcar la problemática humana del presente siglo, la teoría marxista se ha quedado corta, no solo para abordarla integralmente, sino incluso para hacerlo en el segmento político económico.
Es cierto que el marxismo provee una semántica conceptual universalmente aceptada, que permite el entendimiento de análisis, inclusive, entre quienes sostienen perspectivas contradictorias. Hay que aceptar que si se realizan esfuerzos exegetas, se encuentran elementos dispersos en los enunciados marxistas-engelgianos-leninistas, que justifican estructurar las relaciones de producción y la propiedad de los medios de producción bajo las premisas del cooperativismo. Pero es innegable, que cien años de interpretación y practica leninista-estalinista del rol del estado y del partido, marcó, de manera indeleble la teoría marxista. Las teorías, cuando se aplican, penetran en las venas y las medulas de los sistemas, y en reversa, los sistemas productos de la aplicación de las teorías, penetran y saturan las venas y las medulas de las teorías que los factibilizaron. Trotzky, no representa una excepción.
Lo que caracteriza e invalida la aplicación del marxismo en el presente siglo, su elemento realmente arcaico y refutable, es su interpretación clasista de la sociedad, y el convencimiento de que la sobrevivencia de la clase obrera es solo posible mediante la eliminación de la clase denominada burguesa. Y bajo esa denominación integraron por extensión, a todo aquel que no fuera marxista. Todos los fundadores del evento soviético compartían esa convicción.
No provee el marxismo leninismo, herramientas interpretativas y aplicativas, para instaurar el cooperativismo como sistema integral de una economía, y menos aun, para organizar un estado con un sistema autogestivo.
Marx se quedó corto desde el principio. Cuando concibió su teoría, hacía casi doscientos años que en Inglaterra se había producido un fenómeno cuyas consecuencias marcarían el desarrollo de la libertad de los pueblos de manera definitiva. Se había autorizado la creación de una banca central privada, que creaba una conexión permanente entre el gobierno y el mundo financiero, quedando el primero sometido a los designios de los segundos.
La historia es así:
En los finales del siglo XV, el rey William III de Inglaterra, con las arcas vacías, se encontraba inmerso en la Guerra de la Gran Alianza. Lo usual era que los monarcas en situación económica critica, recurrieran a un alza en los impuestos, pero el procedimiento, aplicado históricamente por soberanos insaciables, terminaba siempre por provocar alzamientos populares, que a su vez requerían de más gastos para sofocarlos.
El recurso de pedir prestamos estaba imposibilitado, porque su predecesor Charles II, se había negado a pagar un préstamo de £ 1,000,000.00 que había obtenido para financiar sus guerras, William tampoco podía recurrir al recurso de imprimir moneda, porque el mismo Charles II lo había intentado durante su reinado, y esta no había tenido aceptación.
Al parecer, los banqueros le hicieron una oferta a William II de Inglaterra, ellos le prestarían el dinero, y a cambio, se les permitiría establecer un banco con licencia para imprimir moneda.
El préstamo se haría con un interés de un 8 %, y por supuesto, surgiría de la nada, simplemente un papel impreso, sin respaldo físico ninguno. En resumen, el banco imprimía la moneda y se la prestaba al gobierno al 8 %, el gobierno pagaba este interés con los impuestos que recaudaba. Los billetes así impresos, no tenían diferencia ninguna con los emitidos previamente, que si tenían respaldo.
Los banqueros recibieron una dávida más, podían utilizar los bonos que les entregaba el gobierno, como reserva para respaldar nuevas emisiones de moneda. Dado que la fracción de reserva a la que se habían comprometido era de un 50 % (para emitir un billete de 100 libras, tenían que tener un respaldo en valores de 50 libras, o sea, por cada millón de libras en prestamos otorgados al gobierno, el banco podía emitir dos millones.
Unos dos años después, el procedimiento haría crisis, los clientes trataron de cambiar sus papeles por oro, y los bancos estaban insolventes. Una ley fue emitida para librarlos de la bancarrota, exonerando a los bancos de la obligación de reconocer la convertibilidad de la moneda en oro.
¿Es necesario señalar que tanto el rey William II, así como algunos parlamentarios fueron socios del banco o, dicho de otra manera, cómplices del fraude desde sus inicios?
Posteriormente a los bancos holandeses se les permitió tener como reservas validas, notas de valor del banco de Inglaterra. Con esta medida, el fraude se internacionalizó.
Las consecuencias de dicho procedimiento, podían pasar inadvertidos para el hombre común de la calle, pero no para Marx y Engels, que poseian un agudo y desarrollado sentido critico de la estructura económica y financiera mundial.
La historia del banco de Inglaterra es el origen de la situación financiera mundial actual. Los bancos, en contubernio perenne con los gobiernos, imprimen moneda sin respaldo para ejecutar sus megas planes imperiales. Al final, la única forma de saldar esas cuentas, es empeñando el futuro de los pueblos mediante la recaudación de impuestos, para pagar a los señores del poder.
El imperialismo de hoy, no es el mismo que el imperialismo de ayer. Ayer el imperio tenía una base de operaciones y luchaba por expandirse hacia otras naciones, doblegando el espíritu humanista-nacionalista de los gobernantes. Hoy, la corrupción de las estructuras políticas es total a nivel mundial, el sentimiento y aceptación por parte de los políticos a nivel planetario de que participan en la ejecución de un proyecto para beneficio exclusivo de una élite elegida, se ha asentado a todos los niveles. Atrás, queda el resto de la humanidad, simple pagadores de impuestos para satisfacer los megalómanos proyectos de faraones que se rotan, que al final, tienen que rendir cuenta a sus empleadores, que no son otros que los que, con una peculiar concepción del poder, mas real que la de los políticos, mueven tras bambalinas lo hilos de las finanzas.
Hoy el imperio no tiene base, es una estructura tentacular expandida mundialmente atenta solo a ejercer dominio en los pocos territorios que se le resisten.
Luego de haber sido utilizada por Garibaldi a mediados del siglo XIX, y por Teodoro Roosvelt a finales del mismo siglo, Sir Winston Churchill utilizó la siguiente frase en su primera alocución después de haber sido nombrado primer ministro en los inicios de la segunda guerra mundial “ solo puedo ofrecerles: esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas”. La frase es valida para entronizar el futuro de Cuba a mediano plazo, pero sobre todo lágrimas, muchas lágrimas, a pesar de la capacidad del cubano para catapultarse sobre la rabia y la tragedia.
Cuba no se puede resumir en las diferentes propuestas políticas, ni por el escenario potencial que presenta para ensayar proyectos sociales que nos permitan escapar de la trampa milenaria en que ha vivido atrapada la especie humana. Tampoco es representada Cuba su por elite intelectual, condenada a enfrascarse en la pueril contienda política, desatendiendo su función magna, que es buscar senderos existenciales seguros que nos permitan transitar por la vida con reducidas incertidumbres.
Cuba es el que pedalea su bicicleta adaptada para acarrear un pasajero para poder llevarle el sustento a su familia. El negro marginado después de cincuenta años de sacrificios. Los que se quieren ir, y los que ansían regresar. El niño descalzo y desnutrido en medio de la calle. La jinetera desconcertada. Las tumbas de los fusilados, los alzados muertos en combate, y también los que murieron persiguiendo a los anteriores, los cuerpos de cubanos que guardan las tumbas anónimas del África, todos ellos, y los que faltarían mencionar en una lista infinita, son Cuba.
Tener que catalogar como fraticida una contienda es algo horrible, pero peor es aun cuando a esta se le puede calificar como inútil.
La actual oligarquía cubana en el poder, se abrogó durante décadas el derecho de determinar quienes eran cubanos y quienes no, dividió al pueblo en dos bandos: los enemigos y los cómplices, después, redimió a los primeros y traicionó a los segundos.
Aun siguen ahí, desempolvando el pasado, dándole lustre a heroísmos obsoletos, de los cuales, la mayor parte no les pertenece, son heroísmos usurpados. Ejercen sobre el pueblo, ¡en pleno siglo XXI! el oscurantismo informativo. Negocian con huestes insaciables de poder absoluto, no las riquezas del país, sino el destino de su pueblo. El ataque está dirigido contra la Nación cubana, y es de proporciones desbastadoras. Y mientras, nos agotamos en dilucidar si alguien dijo “digo” o dijo “Diego”. ¡Es tiempo de dejar las payasadas atrás!
Las heridas son tan profundas, los marcados por ellas son tantos, y el desenlace probable es tan trágico, que la razón, que no dispone de tiempo ni fuerzas para la denuncia, si tiene que sustraérselo a la búsqueda del el ungüento racional que sane las heridas, opta por buscar soluciones y no culpables. Solo por esa razón escapan de que se les grite: ¡Canallas!
No imaginó Marti cuando emitió su enunciado vital: ¡Con todos y para el bien de todos!, el esfuerzo ciclópeo que requeriría al pueblo de la Patria que el soñó, mantenerse adherido a esa consigna. Lo que está a prueba, es la sobrevivencia del espíritu de cubanidad presente en cada cubano.
No estamos dilucidando nuestro presente, ni siquiera nuestro pasado, sobre ambas dimensiones temporales, podemos argüir que nos pertenece un pedazo, pero ese no es el caso, hay decenas de generaciones no nacidas, que de alguna manera nos están observando. Nuestra obligación con ellas, es más fuerte, poderosa y valedera que todos nuestros derechos.

Pedro Fraga 2010-09-19


 

     
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