Cuba,
una Nación en oferta.
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Hay quienes, desde hace décadas, hemos denunciado
la falacia de la revolución cubana, lo hemos hecho,
no porque poseamos un especial don que nos permita predecir
el futuro, sino porque especificas y accidentales condiciones
circunstanciales y culturales, nos permitieron desarrollar
métodos de análisis no seducibles por la fanfarria
política, y además, por una inflexible fidelidad
a la razón, que nos hace sentir que los dictados
de la razón, están más cerca de la
realidad que las preferencias emocionales.
Hay una premisa incuestionable con categoría de axioma,
que debe regir toda militancia social:
El problema único que enfrenta la humanidad, es humano,
todas los otros, incluyendo el político, son simplemente
derivados de este.
Entrar en el abordaje de de la problemática humana
desde cualquier otra categoría que no sea propia,
inherente y exclusiva de la condición humana, es
alejarnos de la esencia del problema. Las elites que se
nutren parasitariamente del resto de la humanidad, crean
y fomentan categorías que nos incentivan a zambullirnos
en ellas sin resultado ninguno, porque estas no contienen
ni siquiera deshechos de la problemática real.
Las teorías creadas para deambular dentro de estas
categorías ficticias, son cebos para deslumbrar a
la razón, haciendo que esta se dedique de manera
absoluta e inocua a resolver contradicciones tan ficticias
como la categoría que las alberga. Mientras la inteligencia
se agota en insustanciales disquisiciones, las elites cometen
sus desmanes con absoluta impunidad en otro nivel de realidad
en la cual, las teorías políticas existentes,
no son operativas.
Siempre que hay crisis, la traición compra balcones.
El mundo está en crisis, no confundamos las crisis
con las dificultades, las dificultades demandan respuestas,
soluciones. Las crisis, exigen transformaciones. Las dificultades
las generan las inadecuaciones de los sistemas. Las crisis,
son el producto de los agotamientos de los sistemas, producidos
por acumulación de las contradicciones irresueltas.
Las crisis, se pueden superar a veces, pero son irreversibles,
en los casos más benignos, dejan cicatrices gangrenosas,
que afectan la esencia del sistema, este seguirá
funcionando, pero herido y desnaturalizado.
La crisis mundial, está en pleno desarrollo, Cuba
está inmersa dentro de esa crisis, con condiciones
peculiares. ¡Se encuentra en estado agónico!
En resumen, la situación se puede definir sucintamente
así:
El gobierno cubano, no está haciendo un giro estructural
hacia el capitalismo, el gobierno cubano esta mercadeando
la venta del país al imperio incluyendo a los habitantes
en la negociación. Tan vil y total es la traición,
que hará parecer como patriotas a los lacayos que
otrora promocionaron la entrega del país al imperio.
Salvo excepciones, la oposición cubana es pro imperialista,
o no imperialista, pero no es anti imperialista.
Como anécdota ilustrativa es de señalarse
que en algún momento a principios de la década
del sesenta, el Dr. Carlos Prío Socarrás,
ex presidente de la republica de Cuba, fue detenido, esposado
en su propia casa, y conducido a una oficina del F.B.I.
por sus actividades en contra del gobierno cubano. Cuando
el Dr. Prío le señaló a su interrogador
que el verdadero enemigo estaba en Cuba en posesión
del poder, el interrogador le respondió que el problema
real era que él (el Dr. Prío) era antiimperialista.
A lo cual el ex presidente le respondió;
-Sí, yo soy antiimperialista, si es por eso por lo
que me han detenido, no tengo nada que objetar.
La principal excepción en la militancia anti imperialista,
la representa una oposición proveniente y convergente
con el gobierno cubano que trata de sostener su postura
de desprendimiento, con una posición ideológica.
Este grupo, aun cuando posee la exclusiva característica
de tener base ideológica, elemento que no está
presente en ningún otro grupo de la oposición,
confronta enormes dificultades. No han dejado de ser marxistas,
no pueden dejar de serlo.
No tienen base militante ni manera de procurársela.
A estas alturas del juego, los militantes del partido que
están motivados todavía por los fantasiosos
discursos del Dr. Fidel Castro Ruz, o no tienen la inteligencia
requerida para desenvolverse como cuadros, o están
corruptos y a la espera de un bono material al final de
una contienda de cincuenta años, cuando se le entregue
la bandera al Imperio, en un acto donde no habrá
ni vencedores ni vencidos, salvo el pueblo cubano que será
explotado a mansalva durante décadas, alimentando
su resignación con los recuerdos de los abuelos,
que les recordaran que hubo un tiempo pasado que fue peor.
El sistema político cubano es tan cerrado, que no
les permite a este grupo, recurrir a la base para hacer
proselitismo. Cuando la oligarquía gobernante se
sienta más segura, tal vez le ofrezcan la función
de partido de oposición. En ese momento, la disposición
militante de los proponentes de una solución autogestiva
será puesta a prueba.
No existe en el mundo institución, organismo o estructura
política alguna, interesada en involucrarse con una
solución que va a llevar el poder al pueblo. Todas
las estructuras existentes poseen un antagonismo innato
contra esa intención. Sencillamente los señores
del poder llegaron primero.
Para abarcar la problemática humana del presente
siglo, la teoría marxista se ha quedado corta, no
solo para abordarla integralmente, sino incluso para hacerlo
en el segmento político económico.
Es cierto que el marxismo provee una semántica conceptual
universalmente aceptada, que permite el entendimiento de
análisis, inclusive, entre quienes sostienen perspectivas
contradictorias. Hay que aceptar que si se realizan esfuerzos
exegetas, se encuentran elementos dispersos en los enunciados
marxistas-engelgianos-leninistas, que justifican estructurar
las relaciones de producción y la propiedad de los
medios de producción bajo las premisas del cooperativismo.
Pero es innegable, que cien años de interpretación
y practica leninista-estalinista del rol del estado y del
partido, marcó, de manera indeleble la teoría
marxista. Las teorías, cuando se aplican, penetran
en las venas y las medulas de los sistemas, y en reversa,
los sistemas productos de la aplicación de las teorías,
penetran y saturan las venas y las medulas de las teorías
que los factibilizaron. Trotzky, no representa una excepción.
Lo que caracteriza e invalida la aplicación del marxismo
en el presente siglo, su elemento realmente arcaico y refutable,
es su interpretación clasista de la sociedad, y el
convencimiento de que la sobrevivencia de la clase obrera
es solo posible mediante la eliminación de la clase
denominada burguesa. Y bajo esa denominación integraron
por extensión, a todo aquel que no fuera marxista.
Todos los fundadores del evento soviético compartían
esa convicción.
No provee el marxismo leninismo, herramientas interpretativas
y aplicativas, para instaurar el cooperativismo como sistema
integral de una economía, y menos aun, para organizar
un estado con un sistema autogestivo.
Marx se quedó corto desde el principio. Cuando concibió
su teoría, hacía casi doscientos años
que en Inglaterra se había producido un fenómeno
cuyas consecuencias marcarían el desarrollo de la
libertad de los pueblos de manera definitiva. Se había
autorizado la creación de una banca central privada,
que creaba una conexión permanente entre el gobierno
y el mundo financiero, quedando el primero sometido a los
designios de los segundos.
La historia es así:
En los finales del siglo XV, el rey William III de Inglaterra,
con las arcas vacías, se encontraba inmerso en la
Guerra de la Gran Alianza. Lo usual era que los monarcas
en situación económica critica, recurrieran
a un alza en los impuestos, pero el procedimiento, aplicado
históricamente por soberanos insaciables, terminaba
siempre por provocar alzamientos populares, que a su vez
requerían de más gastos para sofocarlos.
El recurso de pedir prestamos estaba imposibilitado, porque
su predecesor Charles II, se había negado a pagar
un préstamo de £ 1,000,000.00 que había
obtenido para financiar sus guerras, William tampoco podía
recurrir al recurso de imprimir moneda, porque el mismo
Charles II lo había intentado durante su reinado,
y esta no había tenido aceptación.
Al parecer, los banqueros le hicieron una oferta a William
II de Inglaterra, ellos le prestarían el dinero,
y a cambio, se les permitiría establecer un banco
con licencia para imprimir moneda.
El préstamo se haría con un interés
de un 8 %, y por supuesto, surgiría de la nada, simplemente
un papel impreso, sin respaldo físico ninguno. En
resumen, el banco imprimía la moneda y se la prestaba
al gobierno al 8 %, el gobierno pagaba este interés
con los impuestos que recaudaba. Los billetes así
impresos, no tenían diferencia ninguna con los emitidos
previamente, que si tenían respaldo.
Los banqueros recibieron una dávida más, podían
utilizar los bonos que les entregaba el gobierno, como reserva
para respaldar nuevas emisiones de moneda. Dado que la fracción
de reserva a la que se habían comprometido era de
un 50 % (para emitir un billete de 100 libras, tenían
que tener un respaldo en valores de 50 libras, o sea, por
cada millón de libras en prestamos otorgados al gobierno,
el banco podía emitir dos millones.
Unos dos años después, el procedimiento haría
crisis, los clientes trataron de cambiar sus papeles por
oro, y los bancos estaban insolventes. Una ley fue emitida
para librarlos de la bancarrota, exonerando a los bancos
de la obligación de reconocer la convertibilidad
de la moneda en oro.
¿Es necesario señalar que tanto el rey William
II, así como algunos parlamentarios fueron socios
del banco o, dicho de otra manera, cómplices del
fraude desde sus inicios?
Posteriormente a los bancos holandeses se les permitió
tener como reservas validas, notas de valor del banco de
Inglaterra. Con esta medida, el fraude se internacionalizó.
Las consecuencias de dicho procedimiento, podían
pasar inadvertidos para el hombre común de la calle,
pero no para Marx y Engels, que poseian un agudo y desarrollado
sentido critico de la estructura económica y financiera
mundial.
La historia del banco de Inglaterra es el origen de la situación
financiera mundial actual. Los bancos, en contubernio perenne
con los gobiernos, imprimen moneda sin respaldo para ejecutar
sus megas planes imperiales. Al final, la única forma
de saldar esas cuentas, es empeñando el futuro de
los pueblos mediante la recaudación de impuestos,
para pagar a los señores del poder.
El imperialismo de hoy, no es el mismo que el imperialismo
de ayer. Ayer el imperio tenía una base de operaciones
y luchaba por expandirse hacia otras naciones, doblegando
el espíritu humanista-nacionalista de los gobernantes.
Hoy, la corrupción de las estructuras políticas
es total a nivel mundial, el sentimiento y aceptación
por parte de los políticos a nivel planetario de
que participan en la ejecución de un proyecto para
beneficio exclusivo de una élite elegida, se ha asentado
a todos los niveles. Atrás, queda el resto de la
humanidad, simple pagadores de impuestos para satisfacer
los megalómanos proyectos de faraones que se rotan,
que al final, tienen que rendir cuenta a sus empleadores,
que no son otros que los que, con una peculiar concepción
del poder, mas real que la de los políticos, mueven
tras bambalinas lo hilos de las finanzas.
Hoy el imperio no tiene base, es una estructura tentacular
expandida mundialmente atenta solo a ejercer dominio en
los pocos territorios que se le resisten.
Luego de haber sido utilizada por Garibaldi a mediados del
siglo XIX, y por Teodoro Roosvelt a finales del mismo siglo,
Sir Winston Churchill utilizó la siguiente frase
en su primera alocución después de haber sido
nombrado primer ministro en los inicios de la segunda guerra
mundial “ solo puedo ofrecerles: esfuerzo, sangre, sudor
y lágrimas”. La frase es valida para entronizar el
futuro de Cuba a mediano plazo, pero sobre todo lágrimas,
muchas lágrimas, a pesar de la capacidad del cubano
para catapultarse sobre la rabia y la tragedia.
Cuba no se puede resumir en las diferentes propuestas políticas,
ni por el escenario potencial que presenta para ensayar
proyectos sociales que nos permitan escapar de la trampa
milenaria en que ha vivido atrapada la especie humana. Tampoco
es representada Cuba su por elite intelectual, condenada
a enfrascarse en la pueril contienda política, desatendiendo
su función magna, que es buscar senderos existenciales
seguros que nos permitan transitar por la vida con reducidas
incertidumbres.
Cuba es el que pedalea su bicicleta adaptada para acarrear
un pasajero para poder llevarle el sustento a su familia.
El negro marginado después de cincuenta años
de sacrificios. Los que se quieren ir, y los que ansían
regresar. El niño descalzo y desnutrido en medio
de la calle. La jinetera desconcertada. Las tumbas de los
fusilados, los alzados muertos en combate, y también
los que murieron persiguiendo a los anteriores, los cuerpos
de cubanos que guardan las tumbas anónimas del África,
todos ellos, y los que faltarían mencionar en una
lista infinita, son Cuba.
Tener que catalogar como fraticida una contienda es algo
horrible, pero peor es aun cuando a esta se le puede calificar
como inútil.
La actual oligarquía cubana en el poder, se abrogó
durante décadas el derecho de determinar quienes
eran cubanos y quienes no, dividió al pueblo en dos
bandos: los enemigos y los cómplices, después,
redimió a los primeros y traicionó a los segundos.
Aun siguen ahí, desempolvando el pasado, dándole
lustre a heroísmos obsoletos, de los cuales, la mayor
parte no les pertenece, son heroísmos usurpados.
Ejercen sobre el pueblo, ¡en pleno siglo XXI! el oscurantismo
informativo. Negocian con huestes insaciables de poder absoluto,
no las riquezas del país, sino el destino de su pueblo.
El ataque está dirigido contra la Nación cubana,
y es de proporciones desbastadoras. Y mientras, nos agotamos
en dilucidar si alguien dijo “digo” o dijo “Diego”. ¡Es
tiempo de dejar las payasadas atrás!
Las heridas son tan profundas, los marcados por ellas son
tantos, y el desenlace probable es tan trágico, que
la razón, que no dispone de tiempo ni fuerzas para
la denuncia, si tiene que sustraérselo a la búsqueda
del el ungüento racional que sane las heridas, opta
por buscar soluciones y no culpables. Solo por esa razón
escapan de que se les grite: ¡Canallas!
No imaginó Marti cuando emitió su enunciado
vital: ¡Con todos y para el bien de todos!, el esfuerzo
ciclópeo que requeriría al pueblo de la Patria
que el soñó, mantenerse adherido a esa consigna.
Lo que está a prueba, es la sobrevivencia del espíritu
de cubanidad presente en cada cubano.
No estamos dilucidando nuestro presente, ni siquiera nuestro
pasado, sobre ambas dimensiones temporales, podemos argüir
que nos pertenece un pedazo, pero ese no es el caso, hay
decenas de generaciones no nacidas, que de alguna manera
nos están observando. Nuestra obligación con
ellas, es más fuerte, poderosa y valedera que todos
nuestros derechos.
Pedro Fraga 2010-09-19
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