La
misma Cuba y el nuevo Fidel
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Todo parece indicar que Fidel Castro ya no es noticia. Se
ha recuperado de salud, visita centros laborales, turísticos,
científicos y predios universitarios. Cualquier día
lo vemos concurriendo a un teatro o visitando un centro
de recreación y disfrutando sus servicios.
De acuerdo a las noticias de los últimos días,
está haciendo una vida normal, por primera vez. Lo
entrevistan periodistas en su casa, los invita a comer junto
a su esposa Dalia Soto y comparte sus experiencias, obligación
que no todos los estadistas están dispuestos a cumplir
y que realmente le deben en buena lid, a quienes apoyaron
sus gobiernos y también a quienes se hayan afectado
por los aciertos y errores de la gobernación.
La vida le dio la oportunidad a Fidel de disfrutar una faceta
que pertenece a las mayorías, pero que rara vez disfrutan
los líderes coyunturales que han debido cargar en
sus hombros el peso de difíciles situaciones. Pasear
por la ciudad y sentarse en un parque, cosa cotidiana para
la mayoría de los ciudadanos, es difícil para
quienes están a cargo de un gobierno, orientado fundamentalmente
a la defensa de la integridad y la soberanía de una
tierra. Por lo general, los dirigentes políticos
gobiernan lidiando con asuntos legislativos, proponen y
ejecutan reformas económicas y depuran políticas
obsoletas. Gobernar en tiempos de guerra requiere de todo
el tiempo y demanda la entrega absoluta de la energía
que poseamos.
Parece ser que, conciente de esto, Fidel ha querido dejar
el legado de sus reflexiones para que queden claros los
aspectos esenciales de su pensamiento.
Lo que continúa siendo noticia, es la desidia de
la prensa sensacionalista o enemiga del proceso cubano.
Ahora que el líder de la Revolución Cubana
aparece con frecuencia en público y aborda problemas
de su tiempo, analizando y ofreciendo recomendaciones, pretenden
presentar una “Cuba dividida en dos partes: el hermano atiende
los asuntos internos y Fidel los externos”.
Definitivamente para resolver la problemática cubana,
la prensa y sobre todo las naciones, quienes utilizan la
influencia de la media como un instrumento más de
gobierno, deben abordar el caso de Cuba con seriedad.
Fabricar irrealidades sobre la Isla más aislada del
Caribe, no contribuirá para dar a luz una criatura
feliz. En todo caso, si algún parto tuviese lugar,
sólo nacería un muñeco fantasioso.
Siempre a Cuba la han querido presentar en dos partes y
no siempre las respuestas del Estado cubano ha sido lo suficientemente
puntual como para descalificar las infundiosas intrigas.
Con los emigrados se ha generalizado la opinión de
que existen también dos tipos de cubanos: “los cubanos
de Miami y los cubanos de Cuba”.
Presentar a Cuba siempre divida ha sido un objetivo estratégico
de la prensa, dirigido desde los poderes de Washington.
Este quizás ha sido también el principal factor
para que la dirección del país, durante cincuenta
años de guerra, se haya preocupado por apelar a la
unidad. La consigna quizás no ha sido tanto para
crear un clima de unanimidad, que en la dinámica
de dicha apelación muchas veces ha aflorado creando
algunos problemas, sino para contrarrestar una propaganda
que de tan repetida, influencia las mentes menos centradas
en la esencia del conflicto: el Bloqueo de Washington y
la permanente agresión directa, o consentida a los
grupos fanáticos que, sin más religión
que el odio, abogan todo el tiempo desde Miami, por la hecatombe.
Lo bueno de que Fidel haya tenido la oportunidad de disfrutar
un pedazo de vida, reservado únicamente a quienes
vivimos nuestra existencia en libertad, ha permitido otra
enseñanza para quienes denodadamente luchan en Cuba
por disfrutar de un país sano, despolitizado y espoleado
únicamente por el sano objetivo de realizar la propia
existencia a través de la solidaridad. Esto último,
en parte comenzará a ser favorecido, cuando cese
el Bloqueo y las agresiones de Estados Unidos.
Fidel ha mostrado que el país ya puede andar sin
él. Las condiciones internacionales han cambiado
para Cuba, especialmente las hemisféricas y las de
Estados Unidos, país que está envuelto en
guerras, crisis, desorientaciones en lo interno, el surgimiento
de países emergentes como Asia y las deudas adquiridas
por los caprichos bélicos, no le permiten ser el
mismo agresor de antes. Aunque esto conlleva el peligro
probable, de estimular en un momento actos irracionales.
El legado de Fidel posiblemente nadie más hubiese
sido capaz de conseguirlo: asegurar que las fronteras no
fuesen invadidas por la descomunal fuerza del Gigante del
Norte.
Hoy la gente común y quienes ocupan altos cargos,
se alegran de verlo movilizarse, pasear y compartir. Pero
cada día los observadores y las personas en general,
nos convencemos más, que las administraciones nacionales
y la política exterior del país, está
en otras manos, que seguramente mañana pasarán
a otras y que la democracia interna finalmente se hará
cargo del devenir nacional.
Cuba sigue su misma lucha: crear una sociedad más
justa, donde cada cual pueda desarrollar y laborar de acuerdo
a su capacidad y recibir de acuerdo a su trabajo.
Fidel ha dejado de ser gobernante y sólo queda de
él su visión de tiempo, su realidad de hombre
estadista y una disciplina capaz de contener las mayores
agresiones y aprovechar el menor de los resquicios para
revertir en salud la más fiera enfermedad.
Es de pensar que con ese ejemplo de pragmatismo, disciplina
y convicción, los nuevos administradores y dirigente
políticos, elegidos por la sociedad cubana, si la
imitan adecuadamente y ajustada a las circunstancias, hallaran
vías para conformar estructuras eficientes.
El Hombre de hoy no elabora alimentos, bienes y servicios,
solo es capaz de organizar infraestructuras capaces de hacerlo
eficientemente. La eficiencia es consecuencia de la estructura,
no a la inversa.
Fidel detuvo las invasiones y consolidó la soberanía.
Pensamos que ahora corresponde a otros vencer los bajos
niveles de producción y hacer efectiva las participaciones
ciudadanas, los debates y la formación de una nueva
era para Cuba.
Fidel quizá tenga la alegría de contemplar
parte de esa nueva era, que en gran medida será la
otra parte de su legado. Lo mejor de todo es que esa ciudadanía
labora confiada en esa dirección, como lo hizo durante
la época donde levantaron la barrera moral que consolidó
la independencia de la tierra. Son los mismos cubanos, la
misma Cuba, tienen claros sus objetivos y todos se alegran
que Fidel pueda pasear y dar consejos.
En Cuba a diferencia de otros sitios no les gusta que los
ausentes hablen de sus dirigentes, quizás porque
muchos no comprenden que ellos han trascendido y ya no les
pertenecen del todo.
Cuba es la misma y Fidel resucitó para ser merecidamente
un ser como todos los demás y disfrutar la normalidad
que le arrebató la circunstancia.
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