La
presencia de la virgen de los cubanos
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| Por:
Félix Sautié Mederos |
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Crónicas cubanas
Vivimos circunstancias cargadas de una materialidad
angustiosa y autoritariamente impuesta por las fuerzas externas
que nos compulsan y que tratan de controlarnos hasta en
los más pequeños detalles de nuestras vidas.
En medio de la lucha por sobrevivirlas, si nos dejamos llevar
por sus efectos externos y avasalladores, nos quedaríamos
sin apenas espacios para la ternura, la espiritualidad y
el amor por los demás, por nosotros mismos y por
la vida en general.
En este orden de cosas, quiero expresarme hoy sobre la presencia
entre nosotros de la Virgen de todos los cubanos. Nuestra
señora de la Caridad del Cobre, Cachita como se le
conoce con cariño popularmente; Ochum para los que
tienen creencias sincréticas. No puedo dejar de hacerlo,
porque estoy viviendo y observando algunas manifestaciones
muy importantes dentro de la población que me rodea.
Reitero que me refiero a la devoción por la Virgen
de la Caridad, Patrona y Reina de Cuba, que en los últimos
tiempos ha aumentado su intensidad sensiblemente, sobre
todo en la medida que van en aumento la desesperanza y las
preocupaciones de un pueblo de a pie que siente muchas angustias
existenciales.
Quiero concentrarme en dejar constancia de lo que se ha
vivido en este 2010 en su día onomástico,
el 8 de septiembre, que se conmemora cada año dentro
y fuera de nuestras fronteras. Hubo un tiempo que las procesiones
estaban prohibidas internamente y el ateísmo científico
elevado al rango de política oficial pujaba por borrar
la tradición y las devociones a la Virgen, lo que
resultó infructuoso porque el alma de los pueblos
no se puede manejar en sus sentimientos por la fuerza de
los decretos.
Hay algo que bulle en nuestro interior que para los místicos
es una llama que tiene su origen en el fuego de Dios que
nos alimenta y anima a seguir adelante en nuestro peregrinaje
terrenal. Este fuego místico, nunca en contra de
nuestra voluntad podría ser desterrado de nuestras
almas. Esa llama interior ha mantenido y mantiene viva la
devoción a la Caridad del Cobre entre los cubanos
que la hemos acogido como Madre celestial ante la que ponemos
a sus pies nuestras penas, nuestras plegarias y nuestra
vida entera, como expresan las estrofas de un cántico
muy popular en nuestros templos católicos.
Cuando la visita a Cuba del Papa Juan Pablo II se volvieron
a autorizar las procesiones con la Caridad del Cobre, las
que se realizan cada vez en más lugares. Yo he estado
presente en todas en Centro Habana desde entonces, como
estuve también en la última de los años
60 del siglo pasado y he procurado recoger mis impresiones
en las crónicas que publico.
En este 2010, como me ha sucedido desde hace algún
tiempo, mis piernas enfermas me impidieron hacer el recorrido
pero estuve todo el tiempo en el templo, el Santuario Occidental
de la virgen de la Caridad, ubicado en Centro Habana. La
vi salir y la vi regresar, puedo decirles que fue multitudinaria
y que la emoción desbordó un recinto que parecía
iba a reventar.
En su homilía el Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo
de La Habana, expresó un ruego generalizado y profundo
hacia nuestra Patrona, Reina y Madre, que aún resuena
en lo más íntimo de mi conciencia: “(…) pedimos
a la Virgen Madre de los cubanos que los cambios buenos
lleguen y que podamos aceptar los aspectos difíciles
que ellos puedan traer consigo (…)pedimos que la celebración
del cuarto centenario del hallazgo de María de la
Caridad produzca entre nosotros cubanos un cambio espiritual
en el más hondo sentido del bien y el amor que Jesús
vino a sembrar en nuestro mundo”. Publicado en Por Esto!,
el lunes 20 de septiembre del 2010.
fsautie@yahoo.com
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=43869
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