| Por:
Félix Sautié Mederos |
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Escribo
desde mi rincón de Centro Habana, sobre mi derecho
a opinar en función del derecho de todos y de la
necesidad de que se divulguen en los medios locales y se
tomen en cuenta las opiniones y criterios de los que vivimos
dentro del país. Muy en especial en los momentos
en que circula por el mundo la entrevista que a Fidel le
realizara el famoso periodista estadounidense de origen
judío Jeffrey Goldberg de la revista The Atlantic,
así como el debate que se ha generado internacionalmente
por motivo de la interpretación de una de sus respuestas
referida al no funcionamiento del sistema cubano.
Paralelamente, también circulan informaciones que
deberíamos tomar muy en consideración, con
relación a un conjunto de cambios en la economía
nacional cubana, del que evidentemente tengo además
constancia subjetiva y objetiva de su existencia real, porque
lo veo reflejado en la vida diaria de nuestros barrios habaneros.
Me refiero entre otras cuestiones más que sería
muy extenso relacionar, a la creación de algunas
cooperativas, la ampliación de las licencias de trabajo
por cuenta propia, la posibilidad de montar pequeños
negocios, así como a un amplio plan de reducción
de personal burocrático en toda la estructura estatal
desarrollada en los últimos cincuenta años.
Considero que vivimos circunstancias y coyunturas en las
que se remueven las esperanzas y desesperanzas en un sentido
u otro, sobre las posibilidades o no de que se adopten cambios
que den movimiento y vida a la estancada sociedad cubana
que manifiesta evidentes síntomas de agotamiento
cada vez más dramáticos. Esto no lo podrán
negar los alabarderos del pensamiento oficial que siempre
se apresuran a negarlo todo y a atacar a quienes expresamos
públicamente nuestro criterio al respecto. Hay cosas
que por días se hacen más evidentes y requieren
de la información objetiva, del diálogo, del
análisis y de la opinión de todos para poder
salir adelante. Me refiero a un problema de vida o muerte
para el futuro del socialismo, pues no hay un solo modo
centralizado de concebirlo.
Debo decir además que, paralelamente, subsisten muchos
peligros y que como todo en la vida, cuando las cosas se
han mantenido inmovilizadas durante largo tiempo, el inicio
de cualquier movimiento resulta traumático y hay
que prepararse irremediablemente para asumirlo lo mejor
posible porque en cambio, de mantenerse el inmovilismo,
podrían sobrevenir consecuencias nefastas a más
largo plazo.
A tales efectos, más allá de cualquier polémica
de interpretación semántica, quiero manifestar
sin ambages de ningún tipo, mi apoyo resuelto al
movimiento que se inicia por pequeño e insuficiente
que pudiera resultar en un principio, ya que lo importante
es que las cosas comiencen a moverse, que la vida salga
del letargo en que estamos estancados los cubanos y que
las personas puedan actuar con plena libertad de conciencia,
pensamiento, expresión y opción sobre sus
vidas. Así mismo apoyo las gestiones mediadoras que
realiza la Iglesia Católica Cubana porque las considero
oportunas y beneficiosas en sentido general.
Es necesario, más bien diría que imprescindible,
dejar definitivamente a un lado el paternalismo centralizador
propio del capitalismo de Estado a que nos ha llevado el
socialismo Real y sus sistema centralizado que, poco tiene
que ver con las ideas de un verdadero socialismo participativo
y democrático, respetuoso de la diversidad, que plantea
la convivencia en paz con los que piensan distinto. Es imprescindible
cambiar todo lo que deba ser cambiado sin más dilaciones
para poner gradualmente en manos de las propias personas
en igualdad de oportunidades, la posibilidad de luchar y
de labrarse su propio presente así como su porvenir;
comprendo que esto es complejo y que requiere que se realice
en etapas lógicas, pero hacerlo no admite más
dilaciones ni palabras vacías.
He apoyado y apoyo sin reservas la opción de crear
un socialismo participativo y democrático que incluya
una amplia concepción de la autogestión, la
cooperativización, el trabajo por cuenta propia,
así como la creación de pequeñas y
medianas empresas locales y familiares, incluyendo la recepción
de inversión extranjera controlada que aporte tecnología,
capital y/o mercados, frente al socialismo real con su rígida
planificación central que se fundamenta en una centralización
extrema de la sociedad que ha fracasado en sus resultados
económicos y sociales. En estos propósitos
dentro de la Revolución misma, desde hace algún
tiempo algunos revolucionarios nos hemos manifestado públicamente
a partir de nuestras modestas posibilidades, además
de múltiples artículos y planteamientos al
respecto, con una plataforma programática que se
dio a conocer con fecha 16 agosto de 2008, en el 83 Aniversario
de la Fundación del primer Partido Comunista de Cuba
y el 57 de la muerte de Eduardo Chibás, líder
del Partido Ortodoxo, con el título CUBA NECESITA
UN SOCIALISMO PARTICIPATIVO Y DEMOCRÁTICO, a favor
de cambios fundamentales e imprescindibles, contentiva de
un resumen esencial de nuestras ideas planteadas con vistas
a un debate realmente participativo. En tales empeños
dentro del país hemos sido ignorados por los medios
masivos locales, además se ha intentado acallarnos,
se nos ha descalificado e incluso a algunos se les ha sacado
de su trabajo, se les han cerrados espacios y se les ha
entorpecido el desenvolvimiento normal de sus vidas. ¿Por
qué?, y ¿Con qué razones?, ¿Será
acaso para defender a la burocracia con sus secuelas de
fracasos económicos y desesperanzas?
Por demás, es indudable que el bloqueo a Cuba que
se ha mantenido durante 50 años es una política
genocida, intolerable y dañina en todo sentido, que
sin duda alguna ha afectado y afecta sensiblemente a la
sociedad cubana. Pero debe considerarse además, que
si no reconocemos que la centralización, el paternalismo,
el propósito de controlarlo todo por cuenta del Estado,
así como la falta de estímulos y libertades
esenciales de las personas para realizarse a sí mismas
son también causas fundamentales que debemos resolver
en primera instancia para salir adelante, no habrá
posibilidades reales de un verdadero socialismo y de un
desarrollo nacional, aunque nos levanten el bloqueo y lleguen
miles de millones de dólares al país en turismo
e inversiones, como en otras épocas.
El bloqueo debe ser levantado sin exigencias de condiciones
previas de ningún tipo, porque es una medida de genocidio
injustificable contra el pueblo cubano. El levantamiento
del bloqueo es un asunto de justicia y de principios por
encima de cualquier consideración de tipo económico.
Pero también debería tomarse en cuenta que
en caso de que se levantara el bloqueo sin que hubiéramos
resuelto los problemas esenciales internos a que me he referido
y que nos corresponden a nosotros solucionar, podrían
fortalecerse las tendencias capitalistas y anexionistas,
así como perderse buena parte de los beneficios económicos
indudables que aportaría esta medida de necesidad
y justicia irrenunciables.
En el año 2007 publiqué en la Editorial Los
libros de la Catarata de Madrid, un libro titulado SOCIALISMO
Y RECONCILIACIÓN EN CUBA. UNA MIRADA DESDE ADENTRO,
que en su nota de contraportada la Editorial española
progresista que me publica, plantea entre otras consideraciones
más que ahora no vienen al caso, una síntesis
muy objetiva de su contenido que no podría expresarla
mejor, y que creo conveniente dejar constancia de su publicación,
por lo que la cito textualmente: “El autor de este libro
(…) reclama, a lo largo de sus páginas animadas por
la integridad moral y el espíritu crítico,
la urgente necesidad de un diálogo entre todos los
cubanos, un diálogo en el que puedan participar todos
desde el respeto y afianzado en un sentido ético
que garantice la futura construcción colectiva de
la sociedad cubana para alcanzar un futuro de paz, justicia
social y libertad. Nos encontramos ante un análisis
valiente, apasionado y comprometido, un alegato a favor
del reencuentro y la reconciliación en un momento
crucial para Cuba, cuando se multiplican los debates y las
conjeturas sobre el futuro de la Isla” ( fin de la cita).
Sólo tendría que señalarle a esa nota
editorial que los debates y las conjeturas del futuro de
la isla, que se multiplican, lamentablemente se desenvuelven
en los medios alternativos desde fuera del país y
son silenciados en los medios masivos locales.
Finalmente y en resumen debo decir que reitero mi derecho
a opinar, sin creerme el dueño de la verdad absoluta
ni muchos menos, con el propósito de aportar al debate
colectivo con respeto a las opiniones de los demás,
sobre las realidades cubanas en función del derecho
de que todos lo podamos hacer en un clima de respeto y consideración,
para que los grandes problemas y las necesarias soluciones
puedan ser consensuadas entre todos los cubanos sin excepciones
onerosas, porque son problemas que nos conciernen y nos
afectan a todos. (Valgan las redundancias expresas de la
palabra todos).
E-Mail:
fsautie@yahoo.com
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