Oposición
cubana un término mal utilizado
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31 de Agosto del 2010
El tema de la oposición en Cuba, de la manera que
los medios internacionales la expone, es burdamente distorsionado.
También debemos decir que muchos de los mecanismos
políticos cubanos, crean limitaciones para una realización
más efectiva de la democracia.
La prensa internacional, interesada únicamente en
destacar los valores de las “democracias representativas”,
aborda la problemática cubana, sin analizar las contradicciones
y enormes limitaciones de ese tipo de democracias. Por esta
razón sus informaciones y análisis resultan
simplistas para los conocedores sociales.
En Cuba como en Estados Unidos, en una dimensión
diferente por tratarse de dos concepciones distintas, no
existe ninguna fuerza que desafíe el sistema social
al uso y mucho menos que haga vislumbrar un cambio de dirección.
La confusión surge por la presencia en Estados Unidos
de dos entidades políticas llamadas Partidos, que
sólo difieren en el criterio sobre los procedimientos
a seguir en la administración del Estado. Cuba tiene
un mecanismo similar, aun cuando se encuentra en un estadio
muy primitivo, que se realiza dentro de las instancias políticas,
estatales y civiles. En cuanto a la civilidad también
se producen confusiones porque las entidades civiles surgen
a partir de requerimientos sociales y no como instrumentos
inventados caprichosamente para escalar a las esferas de
dirección.
En ninguno de los dos casos dicho procedimiento, tanto en
Estados Unidos como en Cuba, desafía el sistema social,
sino que se plantea la manera de perfeccionarlo y garantizar
su mejor desarrollo. En Estados Unidos ese proceso prioriza
el beneficio individual de los empresarios y corporaciones
privadas de negocio, mientras en Cuba se persigue un objetivo
social. No entraremos en detalles y en el análisis
de los enormes desafíos que, principalmente por razones
ideológicas, Cuba deberá superar para hallar
las vías adecuadas a este fin, pero es importante
colocar en contexto las diferencias esenciales que distinguen
el desenvolvimiento de la oposición en uno y otro
proceso.
Lo que han tratado de fomentar en Cuba los llamados disidentes,
es un movimiento para cambiar el sistema, lo cual nada tiene
que ver con los partidos tradicionales al uso. El surgimiento
de este tipo de movimientos sociales es típico de
situaciones desesperadas, donde las sociedades, perdidas
sus esperanzas, comienzan a buscar nuevos rumbos. Casos
de esta naturaleza los encontramos en Suramérica
y el Caribe, donde fuerzas sociales, compuestas por diversos
segmentos de la sociedad, han fundado partidos orientados
a transformar sus democracias representativas en procesos
donde se logre, junto al perfeccionamiento de la representación,
una efectiva participación ciudadana. Estos partidos
no son de oposición, sino revolucionarios o transformadores.
Las oposiciones en política siempre son complementarias,
pero cuando se aboga por la transformación hay choques
contradictorios que, en ocasiones son insuperables.
Las razones por las cuales grupos aislados de personas y
en ocasiones personas individuales, sin más seguidores
que algunos familiares, o un vecino arrastrado por la inercia
de la amistad, han alcanzado exposición política
internacional, se debe al afán de las fuerzas internacionales,
especialmente Estados Unidos, por evitar que en Cuba se
desarrolle un sistema que marche a contrapelo del suyo.
Si la prensa estadounidense se hubiese dedicado durante
años a entrevistar personas aisladas y a pequeños
grupo que plantean la transformación del Estado vigente
en los Estados Unidos, a estas alturas el mundo creería
que existen movimientos disidentes, o transformadores, o
revolucionarios en el país. Pero semejantes reclamos
no han llegado a la conciencia del ciudadano estadounidense.
En un mundo, acostumbrado a engullir noticias sazonadas
y no a buscarlas con denuedo, es fácil convencerlos
de todo los contrario.
El caso de los supuestos opositores cubanos es diferente
porque se trata de peones de una política diseñada
hace cincuenta años en Estados Unidos. De aquí
que exista un empeño en presentar algo que constituye
una excepción del proceso cubano, como un fenómeno
contenido por la represión brutal de un régimen
que en la realidad nunca ha existido. La radicalidad de
ciertas respuestas cubanas ante agresiones amparadas por
una superpotencia como Estados Unidos, pueden haber causado
encarcelamientos injustos o condenas excesivas, pero nunca
las grandes masacres sucedidas en otros países, algunos
amigos y aliados de Estados Unidos.
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