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Revitalizando un tema agotado...
Pedro Fraga
 


Revitalizando un tema agotado.
Cuba, los cubanos y la iglesia.


Por: Pedro Fraga

Se comporta el escenario político donde se representa la problemática cubana, igual que algunas obras de teatro, donde el director, queriendo resaltar solo un segmento de una escena, concentra toda la iluminación en un área, dejando en penumbra el resto del tablado. Se nos quiere señalar mediante este recurso, que la escena que sigue, así como las palabras, recogen el planteamiento universal de la obra, o está conectado a él vitalmente.
Se viene discutiendo en Cuba, masivamente desde hace cincuenta años, el rumbo del destino del pueblo cubano. Uno de los factores en la discusión participa desde el poder y recurre a la violencia. ¡Encarcela y Fusila!
Una exigua minoría hemos sostenido durante esos cincuenta años, que la discusión tiene que ser más profunda, que la cuestión no está en trazar el rumbo del destino, sino en descubrir e instaurar un sistema, que brinde a cada cubano la posibilidad de desarrollar o expandir su conciencia ciudadana, siempre mediante su participación existencial y cívica en la conformación del destino de la Nación. Sabemos que la magnitud del propósito hace parecer al planteamiento como un disparate. Sin embargo: ¡Alguien tiene que hacerlo! La soledad no arredra a la razón.
Dejamos a otros, el planteamiento de: ¡Matar y morir! Que disfruta de más consenso en el mundo de hoy.
En este preciso momento, hay un evento que roba cámara y luz en el acontecer cubano: No es la participación como mediadora de la iglesia cubana en la liberación de algunos presos, sino la modalidad extensiva que se le ha dado a esa participación. Todos asumen posiciones con respecto al suceso, cavan trincheras a su alrededor, y se ha iniciado el intercambio de disparos retóricos.
Los atribulados por consideraciones más universales, nos quedamos envueltos por la penumbra que cubre el resto de la trágica realidad cubana.
Nadie escucha a quien habla desde las tinieblas, y ante el riesgo de quedarnos sin auditorio, nos vemos compelidos a buscar los elementos que conectan al suceso con la universalidad cubana.
En su función original, la iglesia católica es exclusivamente un elemento conector entre las almas y Dios, mediante la divulgación de la doctrina cristiana.
Todo fue así, hasta el Concilio de Nicea, que aun cuando su convocatoria fue motivada por estrictas razones de índole teológicas, dio pie para que la iglesia pisara en un futro tierra de los cesares, y estos incursionara en el campo de las almas. Después de Nicea, vivir y morir, se tornaron ambas cosas ligeramente más complejas, y en el ámbito social y de pueblos, lo complejo tiene sinonimia con el vocablo dificultad.
Dentro de las estructuras sociales, hay actividades y funciones no asociadas con el ejercicio del poder, que obligan a expandir la conciencia social, convirtiendo en vanguardias sociales a los grupos que las practican. Estos grupos, asumen la función representativa de lo que se ha definido como: “sociedad civil”, cuyo objetivo primario es servir de avanzada espiritual y cultural del pueblo. Espíritu y cultura son vocablos que la razón utiliza como instrumentos de análisis, pero en la realidad, están simbiotizados de manera irreversible.
Los diferentes sistemas políticos han procurado siempre, exitosamente, incorporar como sus defensores, a estos grupos representativos de la sociedad civil, es mas, cada sistema engendra la suya. La sociedad civil, no tiene como función cuestionar la legitimidad o adecuación del sistema, sino servir de contención a los excesos de sus funcionarios y en algunos casos, presionar para reorientar un segmento de este, poniendo a prueba la flexibilidad del sistema, para adaptarlo a variables no previstas en el momento en que este fue concebido, o para acomodarlo a entornos peculiares. La función primera de la sociedad civil es garantizar la supervivencia del sistema, la segunda, es lograr que este ofrezca el máximo de servicio posible al pueblo, solo dentro de los parámetros de su potencialidad.
Lo regimenes totalitarios cuya característica primordial es fundir el concepto de estado, sistema y funcionario en una sola percepción fáctica, no pueden admitir la existencia de la sociedad civil. En los sistemas totalitarios, los aparatos de seguridad del estado, asumen la función de la sociedad civil. Los intelectuales totalitarios tienen dificultades para visualizar a la sociedad civil, porque intentan objetivizar como una sola, dos realidades conceptuales excluyentes.
La iglesia, ha sido fuerza de magnitud considerable dentro de todas las sociedades civiles existentes. Unas veces más comprometida con el poder y otras menos, pero siempre presente.
Tiene la iglesia católica al desarrollar su rol en las sociedades civiles, una característica distintiva: mientras que los otros factores se conformaron bajo el auspicio del sistema, la iglesia, es un factor foráneo, importado, con existencia milenaria y universal, y por ende, se mueve obligadamente con doble agenda, cumpliendo sus obligaciones de sociedad civil local, pero mercadeando también espacios para fines propios.
Actualmente la Iglesia Católica sufre de acoso por parte de fuerzas que aspiran a un poder mundial. Le están reclamando a la Iglesia, no el espacio que esta ocupa en las tierras del Cesar. Ese, es el argumento. La realidad es que esas fuerzas consideran que también les pertenece a ellos el espíritu de los súbditos. En esa guerra, yo, que no soy creyente, estoy en la trinchera junto a la Iglesia para impedir el ingreso de las huestes del poder en los dominios del espíritu. Se que precisamente ahí, quedan cruciales cuestiones por dilucidar, pero a los señores del Poder, les invalido verticalmente sus argumentos a priori. Permaneceré en esa trinchera aun cuando la Iglesia, aduciendo razones tácticas, decidiere retirarse.
Dentro de ese escenario planetario, ha adquirido la Iglesia un rol protagónico como exclusivo representante de la sociedad civil cubana. En esencia, lo que algunos factores políticos están impugnando a la Iglesia católica cubana no es su actividad como factor cívico social, sino su exclusividad.
El argumento principal de los que se oponen, aun sin haberlo hecho explicito, es que dicho rol no fue obtenido en contiendas cívicas, sino que ha sido asignado por el gobierno cubano, cuya legitimidad, salvo la posesión de la fuerza, es evidentemente cuestionable.
En todo sistema social donde se encuentra ausente la existencia de una categoría indispensable, todos los factores constituyentes de ese sistema se sienten autorizados a proclamarse definidos por esa categoría (siempre que resulte conveniente).
Personaliza, resume, vocaliza, y evidentemente matiza la función mediadora, con aspiraciones de convertirse en fuerza cívica protagónica por parte de la iglesia: Monseñor Carlos Manuel de Céspedes.
No me he leído los libros de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, no lo haré tampoco, no tengo tiempo para hacerlo. Sí me he leído artículos y entrevistas publicados en la Internet.
Merece mención especial un breve ensayo sobre “lo que el dialogo es y ha sido a través de la historia”, y evidentemente desborda una cultura, que adobada por la sabiduría milenaria absorbida a través de la educación eclesiástica, decididamente sorprende.
Tal sabiduría obliga, porque el que la posee, no tiene la excusa de declaraciones impensadas.
No obstante, no voy a analizar aquí, detalles significativos de manifestaciones peculiares hechas en diferentes momentos por parte de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, que incentivan al menos, si no la discrepancia, si la curiosidad y la duda. No lo voy a hacer, porque eso solo serviría para iluminar la forma en que Monseñor matiza la función adquirida, y porque incentivaría el viejo recurso por parte de sus defensores, de que los argumentos esgrimidos, están fuera de contexto, sin que se molesten en publicar el contexto en que esas manifestaciones, tal vez tuvieren un significado diferente.
Aparece en “Espacio laical Suplemento Digital No.110” la siguiente afirmación, con respecto a una respuesta estructurada para descalificar una carta enviada a Su Santidad el Papa, por miembros de la oposición política cubana:“Los sectores que aspiran única y simplemente derrocar al Gobierno cubano, no pueden ni deben ser los que tengan en sus manos el futuro de Cuba”
Yo coincido totalmente con el postulado de “Espacio Laical”, llevo cuarenta años proclamando que tal planteamiento descalifica como factor en el futuro de Cuba a quienes lo sustenten. La fortaleza de la oligarquía cubana radica no en su ejército, sino en la debilidad de la oposición.
Pero es obvio que los que aspiran única y exclusivamente mantenerse en el poder, tampoco deben tener en sus manos el futuro de Cuba.
¿Tiene algo que decir en cuanto a eso la revista “Espacio Laical”?
Existen planteamientos hechos desde adentro de las estructuras políticas gobernantes, por militantes de su propia ideología, que han denunciado las desviaciones a partir de determinado momento, de los objetivos de la revolución. Mi única discrepancia con ellos, es la definición del momento en que ocurrió la desviación, yo sostengo que fue desde sus orígenes.
El señor Prieto, connotado académico dentro de las filas del partido comunista cubano denunció la corrupción interna, y el señor Pedro Campos está tratando de brindar opciones ideológicas alternativas.
La respuesta del gobierno cubano fue enfilar sus baterias políticas contra ellos. La Seguridad cubana debe tener abiertos sus respectivos expedientes esperando solo una seña.
Hace años vaticiné que la absorción del régimen cubano por el Imperio, traería incongruencias políticas, que aunque de dimensiones monstruosas, pasarían inadvertidas. No consistiría en que cierto amanecer, los grupos todos despertarían enarbolando las banderas del bando contrario, sino en un reacomodo paulatino e inexplicable de las posturas aparentemente ideológicas. Hoy, el gobierno cubano y la iglesia, son objeto de igual repudio por parte de una porción significativa de la oposición. ¿Parece paradójico? Para mí no.
El primer problema del exilio, es que traicionado por sus líderes subvencionados, mantiene un anclaje y dependencia irreversible con el Imperio, mientras este lo utiliza como simple marioneta amenazante en su propósito de absorber (no derrocar) al régimen cubano. El segundo, es la carencia de una ideología que practicable o no, esté orientada a llevarle libertad al pueblo cubano. En definitiva en política, y en la vida toda, nos hemos movido siempre motivados por las esperanzas.
Recientemente el Dr. Fidel Castro Ruz, se ha convertido en un militante de las teorías “Conspirativas”, después de cincuenta años de haber estado lidiando con los conspiradores. A la par, se denuncia en Cuba por militantes del gobierno, como controversial, la creación de dieciséis campos de golf en distintos lugares de la isla.
Es de pensarse que siguiendo la política de la Revolución, sean esos campos de golf para que se solacen los padres de los estudiantes pobres de América Latina becados por el gobierno cubano.
¿O acaso son para vacacionar los privilegiados conspiracionistas mundiales? ¡Vaya usted a ver! Porque yo, todo lo tengo visto.
La inteligencia y la estupidez, son cualidades segmentarias, y como tal, no son excluyentes, sino complementarias. Puede incluso, que el tamaño de la inteligencia se corresponda con el tamaño de su par, la estupidez.
Lo trágico de la estupidez, es su incapacidad de auto reconocerse.

Pedro Fraga 2010-08-29



 

     
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